Introducción
La visión del trono de Dios en Apocalipsis 4 y 5 constituye uno de los pasajes más sublimes y teológicamente densos del Nuevo Testamento. A través de una exégesis breve y la aplicación del método historista, con una cosmovisión adventista, podemos identificar el significado de la adoración celestial y la exaltación del Cordero como un evento de trascendental importancia en la historia de la redención.
El contexto profético y teológico de Apocalipsis 4 y 5
El libro de Apocalipsis se estructura sobre un modelo de revelación progresiva, donde las visiones simbólicas presentan la historia del conflicto entre el bien y el mal. Apocalipsis 4 y 5 introducen una escena celestial que tiene lugar antes de los eventos proféticos subsiguientes, estableciendo la autoridad de Dios y la dignidad de Cristo para abrir los sellos del rollo sellado.
El pasaje inicia con una descripción del trono de Dios, rodeado de seres celestiales que le rinden adoración. Esta visión se vincula directamente con Daniel 7:9-10, donde se describe el tribunal celestial previo a la segunda venida de Cristo.
El rollo en la mano de Dios y su significado profético
En Apocalipsis 5:1, el apóstol Juan ve en la mano derecha de Dios un rollo sellado con siete sellos. Este rollo representa el decreto divino que encierra la historia y el destino final de la humanidad. Según la interpretación historista, el rollo contiene los eventos sucesivos que determinan la culminación del conflicto entre el bien y el mal.
El hecho de que esté sellado indica que su contenido solo puede ser revelado por un ser digno. La búsqueda de un digno para abrir el rollo enfatiza la centralidad de Cristo en la historia redentora.
El cordero digno: La exaltación de Cristo en el santuario celestial
La crisis de la apertura del rollo se resuelve cuando aparece el cordero inmolado, quien es descrito con siete cuernos y siete ojos, representando su omnipotencia y omnisciencia. Su posición en el centro del trono sugiere la finalización de su obra en la cruz y el inicio de su ministerio intercesor en el santuario celestial.
Esta escena se alinea con la visión de Daniel 7:13-14, donde el Hijo del Hombre es llevado ante el Anciano de Días para recibir dominio, gloria y reino. La exaltación de Cristo en Apocalipsis 5 simboliza su coronación celestial tras su sacrificio en la cruz.
Los cuatro seres vivientes y su simbolismo
Los cuatro seres vivientes que rodean el trono de Dios son descritos con rostros de león, becerro, hombre y águila (Apocalipsis 4:7). Estos símbolos han sido interpretados de diversas maneras, pero dentro del método historista se les asocia con la representación de la providencia divina y el gobierno de Dios sobre la historia humana.
Los cuatro seres vivientes también aparecen en la visión de Ezequiel 1, lo que refuerza la idea de su conexión con la obra de Dios a través de los siglos.
Los veinticuatro ancianos y su rol en la adoración celestial
Los veinticuatro ancianos que rodean el trono representan la totalidad del pueblo redimido a lo largo de la historia. Su función en la adoración celestial refleja el cumplimiento del plan divino para la humanidad, donde los redimidos participan activamente en la glorificación de Dios.
Su vestimenta blanca y sus coronas de oro simbolizan la justicia imputada de Cristo y la recompensa eterna para los fieles. En el contexto adventista, se les asocia con los santos resucitados en la primera resurrección y los que fueron trasladados al cielo como primicias de la victoria de Cristo (Mateo 27:52-53).
La adoración celestial: Modelo para la iglesia terrenal
La visión de Apocalipsis 4 y 5 proporciona un modelo de adoración que exalta el poder de Dios y la victoria de Cristo. La repetición de la expresión "Santo, Santo, Santo" enfatiza la santidad suprema de Dios y su derecho a ser adorado por toda la creación.
Este modelo de adoración nos invita a reconocer el papel central de Cristo en la historia de la redención y a vivir en plena consagración a Él.
Conclusión
La visión de la adoración celestial y la entronización del Cordero en Apocalipsis 4 y 5 nos revela el papel de Cristo como mediador y Rey supremo. Su victoria en la cruz le confiere autoridad para abrir los sellos y llevar a cabo el juicio divino. Como creyentes, esta visión nos fortalece en la fe y nos recuerda la certeza del cumplimiento de las profecías bíblicas.
Referencias bibliográficas
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